Una escritura atravesada por
el territorio
En gran parte de la literatura que
surge desde el interior de la Argentina —y particularmente de La Rioja—, el
territorio no aparece como fondo ni como decoración. No es paisaje en el
sentido ornamental. Es presencia. Es materia que condiciona la mirada, el ritmo
de la escritura y la forma en que se construyen las imágenes que el autor busca
transmitir.
El llano, el monte, la aridez, el
silencio o la distancia —también las ausencias y los reencuentros— no son
elementos externos al texto: forman parte de su estructura. No se describen: se
asumen. Y en ese gesto, la escritura deja de representar un lugar para empezar
a habitarlo. La narrativa toma entonces las riendas y comienza a desandar su
propio camino.
No se escribe sobre el territorio:
se escribe desde él. Y esa diferencia no es menor. Implica una relación directa
con el tiempo, con la memoria y con formas de vida que no siempre encuentran
lugar en los relatos centrales, muchas veces atravesados por una lógica urbana
dominante.
En ese sentido, la literatura del
interior no responde a una estética única ni a una escuela definida. Lo que la
atraviesa es otra cosa: una forma de estar en el mundo que se filtra en la
palabra, en los silencios y en la manera de decir.
Escribir desde el interior no
es una desventaja
Durante mucho tiempo, escribir
desde el interior fue leído como una condición secundaria, casi como una
limitación. La distancia respecto de los grandes centros editoriales, la menor
visibilidad y la escasa circulación parecían ubicar a muchos autores en un
lugar periférico dentro del mapa literario.
Sin embargo, esa mirada empieza a
mostrar sus límites. Porque aquello que se señalaba como desventaja es, en
muchos casos, una forma distinta de construir sentido. No se trata de escribir
“lejos de”, sino de escribir “desde” un lugar que tiene sus propias
referencias, sus tiempos y sus modos de decir.
La literatura del interior no
compite con los centros: los desarma. No busca integrarse a una lógica
dominante, sino afirmar una voz que no necesita validación externa para
existir. Y en ese gesto, abre otras formas de lectura, otras sensibilidades y
otras maneras de entender lo que significa escribir en la Argentina hoy.
Escribir desde el interior no es
estar afuera. Es, muchas veces, ocupar un lugar distinto desde donde mirar lo
mismo, pero de otra manera.
En este cambio de perspectiva
también incidieron transformaciones recientes: la tecnología, el acceso a
internet y la posibilidad de circulación por fuera de los canales
tradicionales. Incluso ciertos momentos de quiebre —como la pandemia—
terminaron por acelerar procesos que ya estaban en marcha.
La experiencia propia como
punto de partida
Toda
escritura nace de un lugar, pero no siempre ese lugar es asumido con la misma
intensidad. En el caso de quienes escriben desde el interior, la experiencia
propia no es un recurso más, ni un dato menor: es el punto de partida.
No se
trata de construir una voz desde la distancia ni de observar un entorno como si
fuera ajeno. Por el contrario, la escritura se sostiene en lo vivido, en lo
heredado, en aquello que forma parte de una memoria que no siempre está escrita,
pero que persiste y resiste el olvido.
En ese
cruce entre experiencia y palabra, aparecen los vínculos, las formas de hablar,
los silencios, los modos de nombrar lo cotidiano. No como elementos anecdóticos,
sino como materia narrativa.
En mi
caso, escribir implicó reconocer ese punto de partida. Asumir que el
territorio, la memoria y la identidad no eran temas posibles, sino condiciones
inevitables de la escritura.
Así fue
tomando forma Entre Nosotros – Naturaleza e identidad riojana, un libro que
reúne 17 poemas y 11 relatos, donde cada texto busca situarse en ese cruce
entre experiencia personal y pertenencia colectiva. Acompañados por
ilustraciones especialmente diseñadas, estos textos no intentan representar un
lugar desde afuera, sino habitarlo desde adentro.
Escribir
desde la experiencia propia no es encerrarse en lo individual. Es, muchas
veces, encontrar en lo cercano una forma de decir algo que también interpela a
otros.
Por qué esta literatura
importa hoy
En un
contexto donde la circulación de contenidos tiende a homogeneizar miradas y
discursos, la literatura que surge desde el interior adquiere un valor
particular. No por oposición, sino por diferencia. Porque aporta otras formas
de nombrar, de percibir y de construir sentido.
Importa
porque recupera voces que durante mucho tiempo quedaron relegadas o
invisibilizadas. Porque vuelve a poner en escena territorios, memorias y
experiencias que no siempre forman parte del relato dominante. Y porque, en ese
gesto, amplía el mapa de lo que entendemos por literatura argentina.
Pero
también importa por lo que genera en el lector. Hay una identificación que no
pasa necesariamente por compartir el mismo lugar geográfico, sino por reconocer
en esos textos una verdad sensible, una forma de estar en el mundo que no responde
a moldes preestablecidos, que aún conserva elementos de memoria propia y
colectiva, recuerdos de niñez, de infancia, de tiempo rural, de familia y
afecto.
En ese
sentido, la literatura del interior no es una categoría menor ni una variante
dentro de un sistema mayor. Es una forma legítima y necesaria de producir sentido,
de sostener identidad y de dejar registro de aquello que, de otro modo, podría
perderse.
Tal vez
por eso hoy empieza a ser leída de otra manera. No como una excepción, sino
como parte constitutiva de una literatura que necesita abrirse, ampliarse y reconocerse
en toda su diversidad.
Si querés acercarte a una expresión concreta de esta forma de escritura, podés recorrer algunos textos:
Una escritura atravesada por el territorio
En gran parte de la literatura que
surge desde el interior de la Argentina —y particularmente de La Rioja—, el
territorio no aparece como fondo ni como decoración. No es paisaje en el
sentido ornamental. Es presencia. Es materia que condiciona la mirada, el ritmo
de la escritura y la forma en que se construyen las imágenes que el autor busca
transmitir.
El llano, el monte, la aridez, el
silencio o la distancia —también las ausencias y los reencuentros— no son
elementos externos al texto: forman parte de su estructura. No se describen: se
asumen. Y en ese gesto, la escritura deja de representar un lugar para empezar
a habitarlo. La narrativa toma entonces las riendas y comienza a desandar su
propio camino.
No se escribe sobre el territorio:
se escribe desde él. Y esa diferencia no es menor. Implica una relación directa
con el tiempo, con la memoria y con formas de vida que no siempre encuentran
lugar en los relatos centrales, muchas veces atravesados por una lógica urbana
dominante.
En ese sentido, la literatura del
interior no responde a una estética única ni a una escuela definida. Lo que la
atraviesa es otra cosa: una forma de estar en el mundo que se filtra en la
palabra, en los silencios y en la manera de decir.
Escribir desde el interior no
es una desventaja
Durante mucho tiempo, escribir
desde el interior fue leído como una condición secundaria, casi como una
limitación. La distancia respecto de los grandes centros editoriales, la menor
visibilidad y la escasa circulación parecían ubicar a muchos autores en un
lugar periférico dentro del mapa literario.
Sin embargo, esa mirada empieza a
mostrar sus límites. Porque aquello que se señalaba como desventaja es, en
muchos casos, una forma distinta de construir sentido. No se trata de escribir
“lejos de”, sino de escribir “desde” un lugar que tiene sus propias
referencias, sus tiempos y sus modos de decir.
La literatura del interior no
compite con los centros: los desarma. No busca integrarse a una lógica
dominante, sino afirmar una voz que no necesita validación externa para
existir. Y en ese gesto, abre otras formas de lectura, otras sensibilidades y
otras maneras de entender lo que significa escribir en la Argentina hoy.
Escribir desde el interior no es
estar afuera. Es, muchas veces, ocupar un lugar distinto desde donde mirar lo
mismo, pero de otra manera.
En este cambio de perspectiva
también incidieron transformaciones recientes: la tecnología, el acceso a
internet y la posibilidad de circulación por fuera de los canales
tradicionales. Incluso ciertos momentos de quiebre —como la pandemia—
terminaron por acelerar procesos que ya estaban en marcha.
La experiencia propia como
punto de partida
Toda
escritura nace de un lugar, pero no siempre ese lugar es asumido con la misma
intensidad. En el caso de quienes escriben desde el interior, la experiencia
propia no es un recurso más, ni un dato menor: es el punto de partida.
No se
trata de construir una voz desde la distancia ni de observar un entorno como si
fuera ajeno. Por el contrario, la escritura se sostiene en lo vivido, en lo
heredado, en aquello que forma parte de una memoria que no siempre está escrita,
pero que persiste y resiste el olvido.
En ese
cruce entre experiencia y palabra, aparecen los vínculos, las formas de hablar,
los silencios, los modos de nombrar lo cotidiano. No como elementos anecdóticos,
sino como materia narrativa.
En mi
caso, escribir implicó reconocer ese punto de partida. Asumir que el
territorio, la memoria y la identidad no eran temas posibles, sino condiciones
inevitables de la escritura.
Así fue
tomando forma Entre Nosotros – Naturaleza e identidad riojana, un libro que
reúne 17 poemas y 11 relatos, donde cada texto busca situarse en ese cruce
entre experiencia personal y pertenencia colectiva. Acompañados por
ilustraciones especialmente diseñadas, estos textos no intentan representar un
lugar desde afuera, sino habitarlo desde adentro.
Escribir
desde la experiencia propia no es encerrarse en lo individual. Es, muchas
veces, encontrar en lo cercano una forma de decir algo que también interpela a
otros.
Por qué esta literatura
importa hoy
En un
contexto donde la circulación de contenidos tiende a homogeneizar miradas y
discursos, la literatura que surge desde el interior adquiere un valor
particular. No por oposición, sino por diferencia. Porque aporta otras formas
de nombrar, de percibir y de construir sentido.
Importa
porque recupera voces que durante mucho tiempo quedaron relegadas o
invisibilizadas. Porque vuelve a poner en escena territorios, memorias y
experiencias que no siempre forman parte del relato dominante. Y porque, en ese
gesto, amplía el mapa de lo que entendemos por literatura argentina.
Pero
también importa por lo que genera en el lector. Hay una identificación que no
pasa necesariamente por compartir el mismo lugar geográfico, sino por reconocer
en esos textos una verdad sensible, una forma de estar en el mundo que no responde
a moldes preestablecidos, que aún conserva elementos de memoria propia y
colectiva, recuerdos de niñez, de infancia, de tiempo rural, de familia y
afecto.
En ese
sentido, la literatura del interior no es una categoría menor ni una variante
dentro de un sistema mayor. Es una forma legítima y necesaria de producir sentido,
de sostener identidad y de dejar registro de aquello que, de otro modo, podría
perderse.
Tal vez
por eso hoy empieza a ser leída de otra manera. No como una excepción, sino
como parte constitutiva de una literatura que necesita abrirse, ampliarse y reconocerse
en toda su diversidad.
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Maravillosa tu visión sobre nuestra manera de escribir "desde". Silvia Elizabeth Heredia Chepes
ResponderEliminarMuchas gracias querida Silvia, celebro coincidencias, agradeciendo tu lectura, comentario y participación. Abrazos desde Ulapes
EliminarHola Rubén, me parece muy interesante pensarse desde y en la diversidad. Son tiempos muy complejos para construirse desde un lugar distinto. Como vos decís, la cultura de alguna manera condiciona, porque intenta moldearnos a lo preestablecido.
ResponderEliminarEs como el sujeto que investiga: también está condicionado y, en cierta forma, se entrelaza con el objeto de estudio, llegando casi a perder las cualidades propias de ese objeto.
Por eso, mirar lo mismo de otra manera a veces parece imposible. Sin embargo, en ese intento de pararse y ocupar un lugar distinto es donde está la verdadera búsqueda, no desde el ego, sino porque hay algo en nuestro interior que nos impulsa a hacerlo.
Agradecido de tu comentario amiga Mariela. Todo un desafío que debemos enfrentar y acomodar a las exigencias, no solo las literarias, sino de cultura y mercado, tan en conflicto últimamente. Abrazos Mariela ! gracias por tu tiempo.
EliminarInteresante propuesta de Literatura regional. Además, acompañan las ilustraciones. Me gustó su libro.
ResponderEliminarMuchas gracias, por tomarte unos minutos para leer y comentar. Que hayas pasado por el libro es algo que agradezco inmensamente. Tu comentario es también una voz con eco en el libro y la cultura de nuestra región. Sin el apoyo de quienes compran un libro, no habrá chances de sostener en el tiempo la voz de los autores o ella estará muy condicionada. Gracias y abrazos
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