No somos solo un vino añejo y cuidado
ni folklore de
danzas el domingo.
Somos sudor en vendimias esperadas.
Lágrimas de subir la cuesta descalzos.Identidad no son
las postales turísticas,
es el adobe que
resiste al tiempo sin maquillaje.
Es el niño que
desafía el sueño bajo la siesta,
la abuela que
trenza una historia en su peinado.
Nos dicen “del
interior” como quien dice “de lejos”,
pero aquí se cuece
la raíz de lo justo y necesario.
Aquí nacen obreros
que cargan la leña y la piedra
y maestros que
huelen a libros y abecedarios.
También somos un grito que llegó al diario,
una radio que
mastica noticias y zambas,
el bombo que late
junto a una guitarra mañosa
cuando a la justicia
se le escapa el diablo.
Somos luz y sombra
que aún reclama lo suyo.
Una semilla que no
se encarga ni vende,
la que vive en
cada voz que proclama su orgullo
ser de La Rioja
profunda y agreste.
RUBÉN D. LAURENTI
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